Según ha declarado el gobierno, el objetivo de la reforma laboral venidera tiene como uno de los objetivos principales reducir los costes laborales. Es una argumentación habitual reclamar la reducción de dichos costes en beneficio de la competitividad de las empresas. Se supone que una rebaja de dichos costes permite a la empresa poder vender su producto a menores precios en el mercado y, así, ganar cuotas de mercado sobre los competidores.
Lo que se suele ignorar, a conciencia, es que los costes laborales son la relación entre la remuneración de los asalariados (en sentido amplio: incluyendo prestaciones sociales pagadas por las empresas) y la productividad. O lo que es lo mismo, que dichos costes laborales se pueden reducir efectivamente tanto reduciendo la remuneración de los trabajadores como incrementando la productividad.
David M. Kotz es un economista adscrito a lo que aquí llamaríamos la Economía Política Radical (en realidad Radical Political Economics), y que utiliza un análisis de la economía mundial parecido al de los regulacionistas franceses (R. Boyer, M. Aglietta, etc.). Dado que el otro día yo hablaba del “supuesto fin del neoliberalismo“, aprovecho para recuperar algunas reflexiones que hizo Kotz en un paper de 2008 en el que analizaba la actual crisis.
Para Kotz la crisis es sistémica y revela que las posibilidades del neoliberalismo para mantenerse más tiempo son muy escasas. En su opinión esto sólo podría suceder si otra nueva burbuja especulativa, aún más grande que las que ha vivido continuamente la economía mundial desde los años setenta, es capaz de posibilitar un nuevo período de expansión que, por otra parte, más temprano que tarde finalizaría abruptadamente con otra crisis de aún mayor envergadura.
La ideología neoliberal entró en una fase de deslegitimación a raíz de la crisis de las hipotecas subprime. La articulación de la economía al modo neoliberal se reveló una vez más profundamente inestable, y dio la razón definitiva a quienes desde hace mucho tiempo venían remarcando el carácter contradictorio de esta forma de organización social. Los autores regulacionistas franceses y los autores radicales estadounidenses, por ejemplo, ya habían reconocido en el neoliberalismo una estructura endeble, volátil e incapaz de conducir a la sociedad a una senda de crecimiento económico y bienestar.
El neoliberalismo se presentó ante la sociedad como la respuesta ante la decadencia del keynesianismo, padre intelectual de la llamada “época dorada del capitalismo”, en los años setenta y ochenta. El programa neoliberal, muy bien plasmado en lo que se consideró el “Consenso de Washington“, se fue imponiendo en todo el mundo, prometiendo una nueva era de crecimiento y bienestar. Se habló de “el fin de la historia”, de una “nueva economía” y, en definitiva, de una sociedad próspera y sana en lo económico.
El plan de ajuste impuesto por el gobierno español hace unas semanas hizo saltar todas las alarmas. El gobierno había tomado por fin la decisión de afrontar la crisis, pero lo hacía mediante políticas profundamente neoliberales. Políticas que conducían a que los platos rotos los pagaran los de siempre, los trabajadores, mientras que los ricos [...]
Esa es la idea que los economistas y medios liberales, y muchos ciudadanos convencidos por aquellos, están haciendo circular como parte de una estrategia para justificar las duras reformas neoliberales que se están aplicando actualmente. El objetivo es, ni más ni menos, intentar dilapidar lo que queda de “conciencia de clase” en la clase trabajadora [...]
El presidente del gobierno español ha anunciado esta mañana las primeras medidas de lo que será el Plan de Ajuste Estructural (neoliberal) para España. Tales medidas no hacen sino confirmar finalmente el rumbo, en materia económica, de un gobierno que hasta entonces se había mantenido a la deriva improvisando una medida tras otra. Desgraciadamente, y [...]