Texto que escribí antes de intervenir, por lo tanto como orientativo a mi improvisación, en el debate sobre el proceso de Bolonia en Málaga. Precisamente acabamos de abrir una nueva bitácora para la asociación Estudiantes por una Economía Crítica de Málaga, que pretendemos sea un punto de referencia telemática en nuestra facultad.

“Los estudiantes de Economía Crítica hemos organizado esta sesión porque creemos que el conocimiento que los estudiantes tienen del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) es insuficiente y profundamente parcial. Remarcamos que queremos seguir participando en los debates de este tema que consideramos tan importante.
Pero, ¿lo consideráis, vosotros, igual de importante? Seguramente no. Pensáis que como es una reforma educativa y ya estamos en los últimos cursos… no nos afecta, y por lo tanto, no nos interesa.

Sin embargo, cuando hablamos del sistema educativo universitario, y sus consecuentes reformas, estamos preguntándonos sencillamente por la función que la universidad tiene que tener en nuestra sociedad, de la que seremos parte siempre. ¿Qué queremos que proporcione la universidad al conjunto de la sociedad?

Como todo el mundo es consciente de la importancia de esta relación Universidad-Sociedad, los planificadores de las diferentes reformas educativas vienen remarcando una y otra vez la necesidad de profundizar en el hecho de que la Universidad se ponga completamente al servicio de la Sociedad. Pero, y he aquí la clave, definen a ésta únicamente desde un punto de vista mercantilista, es decir, considerando únicamente a aquellos agentes que interactúan en el mercado.

La sociedad para ellos no son las ONG, las asociaciones de vecinos o los movimientos sociales… son única y exclusivamente aquellos entes que existen en el mercado, es decir, que funcionan bajo criterios de rentabilidad y eficiencia.

Es decir, con las reformas se intenta que la Universidad se pliegue a las necesidades de esta sociedad… es decir, las necesidades del mercado. ¿Y cuáles son las necesidades del mercado? ¿Cómo afectan al estudiante y al trabajador?

Las características básicas del mercado laboral, y la necesidad pasa por su profundización, son la flexibilidad y la precariedad.

Hoy en día se producen, y perdón por usar este concepto cuando nos estamos refiriendo a personas, licenciados que el mercado laboral no puede absorber. En las ramas tecno-científicas, un estudiante es un futuro desempleado. En las profesiones como derecho, medicina o arquitectura el número de estudiantes crece a ritmos geométricos mientras que los puestos de trabajo lo hacen a ritmo aritméticos (J. Carreras, 2006). No se crean trabajos de acuerdo con la formación adquirida: la Universidad no se ajusta a un mercado cambiante, absolutamente esquizofrénico.

Las reformas estudiantiles actuales se encaminan, pues, a hacer converger las necesidades del mercado con las producciones de la universidad. Esa es la verdadera convergencia perseguida. ¿Cómo? 1) Desestructurando las titulaciones actuales para acomodarlas a la actual flexibilidad y 2) Descualificando masivamente al alumnado para adaptarlo a la precariedad dominante.

La descualificación es un proceso muy sencillo de llevar a cabo. El grado, primer ciclo, será el título que tendrán los precarios. Tendrá una duración seguramente de tres años, ya que el mercado para ser cada día más competitivo necesita la mano de obra lo más rápidamente posible, y los conocimientos clásicos se sustituirán por una metodología basada en la adquisición de capacidades, tales como la capacidad de resolver problemas, la comprensión de culturas, la valoración de diversidad y el multiculturalismo, la habilidad de trabajar en un contexto internacional, etc. (J. Carreras, 2006) Esto, que pinta de maravilla, se vuelve un peligro cuando se emplea como sustitutivo y no como complemento.

De la Universidad no saldrán alumnos cultos y capaces. Saldrán títeres muy capaces… de buscar rápidamente otro trabajo, de entender al empresario cuando éste le “sugiera” más horas de trabajo, de acomodarse rápidamente en un empleo (basura) en un país distinto, etc.

Para lograr este cambio metodológico se le otorgará al estudiante un status similar al de un trabajador: estará controlado en un trabajo intensivo valorado en horas (convalidables por créditos si uno se porta bien) y, por supuesto, sin remunerar. Quién creerá que encima de estar formándonos para una empresa privada, futuros explotados, nos van a pagar…

La flexibilidad pretendida se logrará desestructurando las titulaciones, es decir, flexibilizando los contenidos de la universidad. La nueva estructura de las titulaciones responderá a las necesidades del mercado y no a las necesidades de la sociedad. Así, si estudiar sociología o antropología no resulta rentable, se las condena a la extinción y listo.

Asimismo, como estudiar transdisciplinarmente no sólo es inútil en un sentido economicista, sino que además también alarga el tiempo que se tarda en terminar una carrera, pues se toma el camino contrario: se hiperespecializa. Menos cultura general y más cultura del capital, o lo que es lo mismo: más manipulados potenciales sin conciencia.

Economía Crítica, como asociación que busca transformar la sociedad, no puede aprobar que el proceso de Bolonia siga adelante mientras la filosofía de fondo sea convertir al ser humano en un mero átomo de un sistema alienante e injusto. Nosotros tenemos una concepción del ser humano mucho más profunda y compleja.

Queremos una universidad formada por personas que quieran trabajar, pero formándose culturalmente bajo principios muy distintos a los de competitividad y rentabilidad económica. No queremos que la universidad sea la planta de formación de las empresas privadas. Queremos cambiar los patéticos sistemas y metodologías de estudio actuales, y queremos también que los títulos sean convalidables a nivel europeo, pero no bajo estas condiciones.”